Su nombre es Bright Godtime y sus inicios son similares a los de otros jóvenes de su país que optaron por hacer las maletas para buscarse una vida mejor en el continente soñado: Europa.
Sin embargo este joven, que desde hace dos meses vive en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), ha pasado los momentos más amargos de este fenómeno debido a los sufrimientos que ha soportado desde que abandonó Nigeria en 1998.
En una entrevista con Efe, Bright Godtime, deseoso de que se conozca su historia, dice que "la amenaza de ser matado por mis creencias me llevó a abandonar Nigeria", para lo cual cogió los ahorros de su madre.
Se dirigió hacia Níger y se adentró en el desierto en compañía de otros subsaharianos. "Tenía 19 años y recorrí Argelia y Marruecos, donde llegué en junio del 98 ya que tardé dos meses desde Benin a Uxda, donde el bosque nos dio cobijo durante seis años y medio".
En este tiempo recuerda que sobrevive "por la caridad de los marroquíes que nos daban alimentos y ropa pero no quería quedarme en este lugar" -situado al este de Marruecos-, por lo que esperó hasta coger un billete de tren para Rabat.
La noche del 12 de febrero de 2005 pudo comprar un billete aunque reconoce: "mi pasaporte carecía de legalidad pero no me impidió comprar el billete aunque cuando estaba en el tren me empujaron, caí a las vías con la mala suerte de que el tren comenzó a moverse y me di cuenta de que tenía las piernas atrapadas".
Sus sueños se habían complicado. "Perdí las extremidades inferiores, las cuales me fueron amputadas, desperté en un hospital, no me veía las piernas y me volví a desmayar".
Estuvo cuatro meses en el hospital de Uxda hasta que se topó con Médicos Sin Fronteras, que le entregaron unas prótesis y en junio de 2005 la ONG lo trasladó hasta Rabat, donde le proporcionaron un apartamento y una pequeña ayuda económica.
Pero Bright Godtime tuvo que volver a la calle a mendigar pasado un año, "ya que quería ganarme -dice- el dinero por mi cuenta" y en 2008 conoció a la Asociación Marroquí de Deportistas Minusválidos, "los cuales me ofrecieron la oportunidad de entrenar y participar en una competición paralímpica".
Con sus documentos en la mano, enseña los títulos de participación en el "Meeting International D´Athletisme du Maro pour Handicapés Marrakech 2009" donde logró varios títulos en lanzamiento de peso, jabalina y disco.
A principios de este año se desplazó hasta Castillejos -localidad distante 7 kilómetros de la frontera con Ceuta-, "donde un hombre, al contarle mi historia, me dijo que me llevaría en su vehículo hasta Ceuta y crucé la frontera sólo con la acreditación de deportista".
Agradecido a los que le han brindado su apoyo, sobre todo a Médicos Sin Fronteras, este joven nigeriano, ya de 30 años, quiere "seguir como deportista paralímpico en España".
Ahora, apesadumbrado, espera una respuesta a su solicitud de asilo político y pasa las horas viendo sus diplomas y soñando con ser un deportista paralímpico. El tiempo dirá lo que ocurre.EFE (15/11/2009)
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